martes, 28 de marzo de 2006

Libertad de presión


En el tema de la defensa de la libertad de expresión es necesario establecer distinciones. Un sector alberga razonables temores de que ésta vaya a ser recortada en un probable gobierno de Ollanta; ese sector es el mismo que batalló contra la coacción que Fujimori fue levantando con mil artimañas. Pero existe el otro sector, el más escandaloso, conformado por importantes periodistas y líderes de opinión de TV radio y prensa escrita, que jamás dijo una palabra durante todo el tiempo en que Fujimori pisoteaba la libertad de expresión. Es más, justificaban los atropellos de la dictadura y con su presencia en la TV la radio o los periódicos, avalaban con su tibieza el proceder mafioso. Esos rostros plumas y voces todos los conocemos, y por eso su griterío es vergonzante.

¿Está en peligro la libertad de expresión? Pues desde hace años ésta está recortada. Acaso existe algún medio televisivo o radial de llegada nacional que cuente con la presencia de personas opuestas al sentido común económico que nos imponen: No. Casi todos los grandes medios de comunicación han dado un cheque en blanco a una forma de pensamiento, sus líneas editoriales no admiten posturas distintas en temas clave y hoy han tomado posición abiertamente a favor de una candidatura: Esa es nuestra libertad de expresión. Libertad en la que cuestionar el TLC es cavernario, en la que decir no a la privatización del agua es troglodita, en la que señalar que existen sectores estratégicos es decimonónico a pesar de que los ejemplos en medio mundo lo refutan, libertad en la que las encuestadoras moldean las cifras hasta que es inevitable reconocer la realidad.

Ahora bien. La preocupación por un intento de control de la información en distintas formas es válida. El mundo no ha avanzado tanto como CNN, de la que toda la TV se cuelga, nos pretende hacer creer. Esos intentos controlistas se pueden disfrazar de varias formas. Con Ollanta el riesgo existe, es indudable, dada su procedencia familiar e institucional, sus contradicciones en el tema y sus modelos ideológicos. Pero del mismo modo, ¿acaso se puede confiar en que se respetará la libertad de expresión con un vicepresidente o inseparables de Lourdes que frecuentaban amigablemente a Montesinos cuando se asesinaba en provincias periodistas opuestos al régimen? En el peor de los casos, los hechos de los noventa son reales y lo otro son posibilidades que hay que prevenir.

Ya que se ha tomado el tema de los medios como un parte aguas en esta campaña, es bueno revisar su desenvolvimiento. Lo cierto es que la forma montesinista de hacer periodismo no ha sido superada por un importante grupo medios. Por el contrario, saltando a la garrocha ese enorme dilema estructural que los atraviesa, han optado alegremente por mimetizarse con esa repudiable forma de dizque informar. La información relevante de los temas nacionales o internacionales ha sido remplazada, en un gran porcentaje, por la truculenta pasión de un actor de segunda, por las botellas de cerveza que ingiere un futbolista, por las vedettes que alquila un funcionario, por el titular creado y manipulado. La grosera cultura mediática montesinista esta viva en un gran sector de la prensa, y ese sin duda es el primer y más serio obstáculo para la libertad de expresión.

No es novedad que a un candidato se le asocie con la catástrofe. Así fue con Fujimori el noventa cuando los medios lo ridiculizaban, y luego del golpe, tras una reunión en el pentagonito, lo veneraron. Así fue el 2000 con Toledo, al que junto a su esposa, se le dijo terrorista con vincha. En el 2001 Alan fue el desestabilizador con un discurso mucho menos confrontacional que el de hoy. Así que de exacerbación estamos curados, ya sabemos cómo operan los humores de nuestros poderes expresados por sus voces mediáticas, ya sabemos que Sendero es resucitado sin el menor respeto por nuestra memoria, ya sabemos que el voto cuando favorece a A es responsable y cuando favorece a B es resentimiento y violencia.

Pero acaso lo más triste de todo sea la docilidad con que la nueva generación de periodistas, esos que aparecieron sobre todo en Canal N al fragor del derrumbe de la dictadura, han asumido tan dócilmente el discurso del establishment mediático, ese que se desnuda cada noche en la TV, cada mañana en los quioscos o en algunas ondas radiales. Sin ese cuestionamiento, tanto a los unos como a los otros, estamos adormecidos. Ollanta Humala ciertamente es un potencial peligro para la libre expresión, pero lo que sucede hoy no requiere de imaginación ni de profetas de la catástrofe: Está ahí. El discurso único es el peligro real que hoy actúa a sus anchas sobre la libertad de expresión, y cada vez menos ventanas escapan de su influencia.


Alexandro Saco
27 3 2006
Civilización
http://www.radiosanborja.com/

1 comentario:

gino dijo...

ciertamente importante y preocupante lo que señalas alexandro. quisiera preguntarme ademas si la libertad de expresion se va a mantener en nuestro pais para seguir atosigandonos de noticias policiales en primer plano: violaciones, asesinatos,crimenes pasionales, accidentes varios, cuanto mas sangre mejor... ¿y donde estan la politica y los temas importantes?...una pesetera costumbre de canal 9 que poco a poco a infectado el resto de noticieros, que usan su "libertad" para vender relleno, cual diario chicha. si la libertad sirve para vender malsano entretenimiento y llenar los bolsillos de auspiciadores, no estamos hablando de derechos, sino de negocios.
p.d. felicitaciones por el blog ya estaremos reuniendonos!