A tono con los vientos que soplan sobre Irán, el presidente de Francia, Chirac, ha delineado la actual postura francesa sobre la utilización de armas nucleares. Dos aspectos a considerar: Se podría dirigir un ataque atómico contra estados que utilicen métodos terroristas contra Francia, o para garantizar los aprovisionamientos energéticos.
En el primer supuesto habría que saber cuál es el rasero que llevaría a responsabilizar a un Estado por los ataques terroristas. En todo caso, en la actualidad es mucho más sencillo determinar el terrorismo de Estado de algunos países, que establecer una categorización que una a grupos terroristas con determinados estados. Experiencia cercana sobre ese despropósito la tenemos en Irak, en la que se pretendió asociar sí o sí al gobierno de Sadam Husein con el 11 de septiembre. Es decir, lo de Chirac suena a justificación para tomar las represalias no según la realidad, sino según los intereses en determinado momento. Hay decenas de grupos terroristas en el mundo que podrían atacar a cualquiera de los que Chirac llama aliados, y con ello la justificación se cumpliría.
El segundo supuesto no esconde mucho y no recurre a las contorsiones intelectuales que estamos acostumbrados a oír para justificar el colonialismo, es claro y conciso: se pueden usar armas nucleares para garantizar los aprovisionamientos estratégicos. En este caso no hay generalidades. Dada una situación en la que asuntos como la energía o las rutas de comercio estén, a consideración de Francia, poniendo en peligro sus aprovisionamientos, las armas nucleares podrían entrar en la pugna. En un mundo en el que cada día los recursos energéticos son más escasos, esa amenaza debe ser considerada global.
El momento es indicativo. Las grandes potencias encaramadas en el Consejo de Seguridad de la ONU, que permite el genocidio en Irak, no se ponen de acuerdo para llevar al banquillo a Irán. El club de los países que poseen arsenales nucleares funciona coordinadamente, las inscripciones están cerradas. Pueden estar tranquilos las no potencias que las poseen de que no serán atacadas y no se les inventará alguna historia para justificar una invasión; los otros, la mayoría de países del mundo sin DNI nuclear, son pasibles de la invención de algún peligro planetario y posterior invasión y bombazo nuclear. La lógica colonial, hoy 20 de enero de 2006, pervive transparente.
Las potencias se alinean. El monstruo es Irán, país que no ocupa a otro, pero que posee ingentes recursos energéticos. La excusa la dan las declaraciones y la posición de su presidente, sobre todo cuando les recuerda a los europeos su responsabilidad en el holocausto judío. Si bien Amadineyab ha entrado en confrontación con Israel y emitido declaraciones condenables, en Medio Oriente la desestabilización mayor proviene de otras estrategias, en las que existe la intensión de arrinconar a Siria e Irán y terminar sojuzgando a la región.
El silencio de los otros miembros del club nuclear, ante una declaración como esta, es complicidad. En el caso de Irán, que no posee armas nucleares, la reacción fue instantánea. Francia vía Chirac hoy señala que considera usar las armas nucleares y hasta el momento ninguno de los estados que se preocupa tanto por las plantas iraníes ha pronunciado palabra al respecto. Ese silencio se puede entender como un acuerdo. Francia ha sido elegida para amenazar al mundo hoy que una actitud de los EEUU, en ese sentido, luego de sus invasiones fracasadas, hubiera sonado a escándalo.
La secuencia trazada ni se toma el trabajo de redactar un nuevo guión. Presidente impresentable, país con recursos energéticos, amenaza fundamentalista, armas nucleares así no las haya, Consejo de Seguridad, potencias reñidas que luego se ponen de acuerdo, invasión y muerte. El planeta como banquete con invitaciones VIP: arsenal nuclear. Y que a nadie se la vaya a ocurrir desarrollar esta vertiente de la ciencia, el coro de medios masivos se encargará de satanizarlo, injustificarlo, y luego deshumanizarlo: Irak.
El peligro y la inseguridad mundial provienen de proyectos estratégicos en los que las potencias urden y tratan de concordar sus intereses. Si les conviene usan el Consejo de Seguridad de la ONU como Santa Inquisición, sino les conviene, la ONU no sirve. La corte suprema del mundo hoy habló a través de su vocal ponente: Chirac-Bomber; silencio en la sala, pero no en el exterior.
Alexandro Saco
20 1 2006
Civilización
www.radiosanborja.com
viernes, 20 de enero de 2006
viernes, 6 de enero de 2006
ISRAEL SIN SHARON
Tanto la presunción de que Arafat era el obstáculo para la paz, como la de que Sharon es la garantía de la misma, personalizan en exceso un asunto mucho más complejo. La paz y el entendimiento entre Palestina e Israel superan a las figuras que en determinado momento pueden parecer garantizarla o entorpecerla, o viceversa. Se trata de un proceso en el que si bien el gobierno de Sharon ejecutó la retirada de Gaza, eso es insuficiente y para muchos esa retirada se enmarca en un plan mayor que a la larga impediría la creación del Estado Palestino. El unilateralismo del último año de Sharon, la violencia reciproca que no cesó a pesar de lo comprometido en Sharm el Sheik, el crecimiento electoral de Hamas y ahora la definitiva ausencia de Sharon del quehacer político en Israel, enmarcan una situación en la que es difícil pronosticar qué sucederá.
Los dos procesos electorales que se acercan son paralelos. En Palestina Al Fata y Hamas podrían estar muy cercanos en las preferencias electorales. A pesar de las críticas a la participación de Hamas, que se fundan en los ataques suicidas sobre Israel, este grupo no sólo es terrorismo. Hamas ha penetrado en la sociedad palestina debido a los vínculos de asistencia social que mantiene en zonas deprimidas. Hay también información en el sentido de que algunas de sus facciones prefieren ir dejando de lado la violencia para establecer negociaciones no sólo entre palestinos sino directamente con Israel. Pero también hay los extremistas que siguen desconociendo el derecho de Israel a existir. Será importante entonces entender la representación que obtenga. Esta elección también se distorsiona por la negativa de Israel a que Jerusalén Este participe del proceso. Contando esa zona con una cantidad significativa de electores, esa negativa quizá a la larga resulte favoreciendo a Hamas, que aceptaría el proceso sin Jerusalén Este. A la fecha se trata de buscar una solución, pero las fuerzas de seguridad de Israel han impedido hacer campaña a los candidatos palestinos en esta zona de la ciudad.
Israel ahora, con la ausencia física en la política de Sharon, ve variar su escenario electoral. Lo que parecía un triunfo casi seguro del Kadima asegurando más de un tercio de la Knesset, hoy no está garantizado. Sharon era el eje sobre el que Kadima se convertía teóricamente en una opción de centro en lo referido al conflicto; a pesar de haber llevado tras él a varios importantes dirigentes del Likud y del laborismo, ninguno de estos cuenta con la fuerza política que Sharon representaba. Se abre entonces un panorama en el que tanto la derecha con Netayahu como el laborismo con Peretz, o un Simon Peres al centro apoyado en la sombra de Sharon, podrían redireccionar las intenciones en el voto.
La ironía del destino esta vez se posa sobre Sharon. Cuando se le atribuía estar cerca de dar pasos trascendentes en el conflicto con los palestinos y convertirse, para muchos, en uno de los mayores estadistas de Israel, se ve afectado por esta dolencia. Y vuelve la pregunta ¿Era Sharon la garantía de avanzar pasos sólidos para una distensión del conflicto? Urge despersonalizar el proceso de paz y urge aclarar los límites de la propuesta que Kadima hereda. Aunque es cierto que en momentos clave se necesita de personalidades imponentes como la de Sharon, su salida de la escena es un llamado a enfocar el conflicto en la era post Sharon. Del mismo modo, es un llamado a que los grupos palestinos alzados en armas, observen de manera pragmática la ausencia del líder judío.
En menos de catorce meses dos personalidades de gran fuerza salen del mapa político. A los palestinos huérfanos de Arafat les ha sido y les es arduo encontrar un sendero común. Abbas ha hecho esfuerzos, pero la continuidad de la ocupación y el futuro incierto de ésta contribuyen a fortalecer a los radicales. En Israel con un sistema político consolidado, la situación debe ser distinta. Debiera ser el momento de permitir que afloren los puntos sustanciales de un camino hacia una paz casi invisible, y que la sociedad israelí asuma como parte de la inseguridad lo que sucede detrás del muro. La ocupación de los territorios más allá de las fronteras de 1967 debe observar la necesidad concreta de un canje de tierras y la salida de muchos asentamientos de Cisjordania, la consolidación de un Estado palestino con continuidad territorial, la aceptación de Jerusalén Este como capital de ese Estado, y la comprensión del derecho al retorno, llevadas a una nueva mesa determinando un interlocutor valido y no negándolo, debieran ser una plataforma realista, por el lado de Israel, a la luz de la complejidad y violencia presentes.
La realidad es mucho más densa y complicada de lo que un intento de análisis permite. En ella aparecen los sentimientos de ambas poblaciones ante la violencia indiscriminada por un lado y ante la respuesta desproporcionada por el otro, ante lo vejatorio de la ocupación por un lado y ante un antisemitismo regional por el otro, ante las enormes limitaciones para una vida digna en Palestina y ante la inseguridad que un muro no erradica. La ausencia del líder despersonaliza y crea una nueva etapa de cara al conflicto.
Alexandro Saco
Civilización
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6 1 2006
Los dos procesos electorales que se acercan son paralelos. En Palestina Al Fata y Hamas podrían estar muy cercanos en las preferencias electorales. A pesar de las críticas a la participación de Hamas, que se fundan en los ataques suicidas sobre Israel, este grupo no sólo es terrorismo. Hamas ha penetrado en la sociedad palestina debido a los vínculos de asistencia social que mantiene en zonas deprimidas. Hay también información en el sentido de que algunas de sus facciones prefieren ir dejando de lado la violencia para establecer negociaciones no sólo entre palestinos sino directamente con Israel. Pero también hay los extremistas que siguen desconociendo el derecho de Israel a existir. Será importante entonces entender la representación que obtenga. Esta elección también se distorsiona por la negativa de Israel a que Jerusalén Este participe del proceso. Contando esa zona con una cantidad significativa de electores, esa negativa quizá a la larga resulte favoreciendo a Hamas, que aceptaría el proceso sin Jerusalén Este. A la fecha se trata de buscar una solución, pero las fuerzas de seguridad de Israel han impedido hacer campaña a los candidatos palestinos en esta zona de la ciudad.
Israel ahora, con la ausencia física en la política de Sharon, ve variar su escenario electoral. Lo que parecía un triunfo casi seguro del Kadima asegurando más de un tercio de la Knesset, hoy no está garantizado. Sharon era el eje sobre el que Kadima se convertía teóricamente en una opción de centro en lo referido al conflicto; a pesar de haber llevado tras él a varios importantes dirigentes del Likud y del laborismo, ninguno de estos cuenta con la fuerza política que Sharon representaba. Se abre entonces un panorama en el que tanto la derecha con Netayahu como el laborismo con Peretz, o un Simon Peres al centro apoyado en la sombra de Sharon, podrían redireccionar las intenciones en el voto.
La ironía del destino esta vez se posa sobre Sharon. Cuando se le atribuía estar cerca de dar pasos trascendentes en el conflicto con los palestinos y convertirse, para muchos, en uno de los mayores estadistas de Israel, se ve afectado por esta dolencia. Y vuelve la pregunta ¿Era Sharon la garantía de avanzar pasos sólidos para una distensión del conflicto? Urge despersonalizar el proceso de paz y urge aclarar los límites de la propuesta que Kadima hereda. Aunque es cierto que en momentos clave se necesita de personalidades imponentes como la de Sharon, su salida de la escena es un llamado a enfocar el conflicto en la era post Sharon. Del mismo modo, es un llamado a que los grupos palestinos alzados en armas, observen de manera pragmática la ausencia del líder judío.
En menos de catorce meses dos personalidades de gran fuerza salen del mapa político. A los palestinos huérfanos de Arafat les ha sido y les es arduo encontrar un sendero común. Abbas ha hecho esfuerzos, pero la continuidad de la ocupación y el futuro incierto de ésta contribuyen a fortalecer a los radicales. En Israel con un sistema político consolidado, la situación debe ser distinta. Debiera ser el momento de permitir que afloren los puntos sustanciales de un camino hacia una paz casi invisible, y que la sociedad israelí asuma como parte de la inseguridad lo que sucede detrás del muro. La ocupación de los territorios más allá de las fronteras de 1967 debe observar la necesidad concreta de un canje de tierras y la salida de muchos asentamientos de Cisjordania, la consolidación de un Estado palestino con continuidad territorial, la aceptación de Jerusalén Este como capital de ese Estado, y la comprensión del derecho al retorno, llevadas a una nueva mesa determinando un interlocutor valido y no negándolo, debieran ser una plataforma realista, por el lado de Israel, a la luz de la complejidad y violencia presentes.
La realidad es mucho más densa y complicada de lo que un intento de análisis permite. En ella aparecen los sentimientos de ambas poblaciones ante la violencia indiscriminada por un lado y ante la respuesta desproporcionada por el otro, ante lo vejatorio de la ocupación por un lado y ante un antisemitismo regional por el otro, ante las enormes limitaciones para una vida digna en Palestina y ante la inseguridad que un muro no erradica. La ausencia del líder despersonaliza y crea una nueva etapa de cara al conflicto.
Alexandro Saco
Civilización
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6 1 2006
miércoles, 4 de enero de 2006
PLANETA HUMALAX
La sorpresa con la que se sigue tratando a Ollanta Humala en algunos análisis y medios de comunicación hace pensar que los Humala vinieron del planeta Humalax en platillo volador. La realidad es que esta familia está completamente insertada en nuestra sociedad, desde Cuzco hasta la Lima de clase media. Hoy parece evidente que la familia Humala se ha dividido entre los consecuentes con el absurdo etnonacionalismo y el desviado nacionalista y contaminado Ollanta.
Acaso haya una categoría clave para entender la tendencia en la intención de voto actual. Más allá de validar o renegar del nacionalismo, lo cierto es que esta gruesa definición le sirve como escaparate a Ollanta. Esto lleva a pensar que el alejamiento de los partidos y candidatos, rebazados hoy, de este aspecto del imaginario político peruano, fue un error del que es casi imposible recuperarse. Asombra también que un importante sector de la izquierda, que supuestamente se encuentra más cercana al concepto y la práctica nacionalista, ponga el grito en el cielo cuando un candidato lo reivindica. Y deja con la boca abierta que ante una presunta convocatoria congresal muchos liberales hayan aceptado mansamente ir en la lista.
Por su parte la derecha anquilosada y sus medios de comunicación, creen que horrorizándose por las declaraciones del padre trabajan una estrategia a favor de su candidata. Lourdes Flores es una mujer respetable e inteligente, pero a la que le es imposible ser natural en medio de un pueblo joven. Por su parte Alan García en la desesperación de la caída constante, han reavivado el discurso confrontacional: derecha rica, directorio del BCP, cuando hace unas semanas era el candidato de los empresarios. Valentín Paniagua, un presidente que tuvo el coraje de poner la mano dura cuando se debía enfrentar a la mafia y los encerró, no es un candidato, es un estadista; Andrade lo hubiese hecho mucho mejor.
Es cierto que Ollanta Humala se está dejando rodear por un grupo de interesados y hasta mafiosos con los que debe estar acordando algún tipo de reparto del poder, y de cierto sector del empresariado que demuestra que no importa quién sino cómo. Pero también hay que preguntarnos si Ollanta será en el caso de ganar un títere de esos intereses o los dejará de lado al estilo Fujimori. Hay algunos que hasta teorizan con la posibilidad de un golpe al Congreso para legitimar sus intenciones o una convocatoria constitucional.
Lo cierto es que este candidato se ha subido en la ola sudamericana actual. Hoy tres de enero ha recibido un espaldarazo de Hugo Chávez y de Evo Morales en el Palacio de Miraflores, lo que le ayudará más de lo que pueda perjudicarlo. Ambos mandatarios han solicitado la unidad de la izquierda peruana, equivocando la perspectiva, porque los que estamos en Perú sabemos que Ollanta no representa un voto de izquierda.
Mientras la campaña contra Ollanta se centre en el padre, el hermano, en Evo o en Chavéz, la intensión de voto no aminorará. Algunos medios han contribuido tenazmente a avivar esa estrategia política y han llegado hasta el burdo antisemitismo. Cuando si dedicarán más tiempo o espacio a las propuestas de los candidatos les harían un favor.
Fujimori estaba ahí y nadie lo vio; la gente percibió que Mario Vargas Llosa se adaptó al sistema y lo abandonó. Toledo estaba ahí y lo satanizaron hasta que los insultos se convirtieron en su escudo; la gente percibió que Fujimori era el sistema y lo fue abandonando. Ollanta estaba ahí y nos pasamos cinco años teorizando con los tres candidatos hoy desgastados que nunca pudieron remontar ser parte de lo mismo. ¿Se convertirá en eso Ollanta?
Aclaración necesaria
He recibido varios correos de conocidos y de desconocidos señalando que mi posición es apoyar la irrupción de Ollanta o avalar las barbaridades del etnonacionalismo. Ni lo uno ni lo otro. A Ollanta lo entrevisté una vez en Radio San Borja y nunca más lo vi, y el etnonacionalismo es una ideología que va totalmente en contra de mi principal aspiración: la libertad.
Alexandro Saco
3 1 2006
Civilización
www.radiosanborja.com
Acaso haya una categoría clave para entender la tendencia en la intención de voto actual. Más allá de validar o renegar del nacionalismo, lo cierto es que esta gruesa definición le sirve como escaparate a Ollanta. Esto lleva a pensar que el alejamiento de los partidos y candidatos, rebazados hoy, de este aspecto del imaginario político peruano, fue un error del que es casi imposible recuperarse. Asombra también que un importante sector de la izquierda, que supuestamente se encuentra más cercana al concepto y la práctica nacionalista, ponga el grito en el cielo cuando un candidato lo reivindica. Y deja con la boca abierta que ante una presunta convocatoria congresal muchos liberales hayan aceptado mansamente ir en la lista.
Por su parte la derecha anquilosada y sus medios de comunicación, creen que horrorizándose por las declaraciones del padre trabajan una estrategia a favor de su candidata. Lourdes Flores es una mujer respetable e inteligente, pero a la que le es imposible ser natural en medio de un pueblo joven. Por su parte Alan García en la desesperación de la caída constante, han reavivado el discurso confrontacional: derecha rica, directorio del BCP, cuando hace unas semanas era el candidato de los empresarios. Valentín Paniagua, un presidente que tuvo el coraje de poner la mano dura cuando se debía enfrentar a la mafia y los encerró, no es un candidato, es un estadista; Andrade lo hubiese hecho mucho mejor.
Es cierto que Ollanta Humala se está dejando rodear por un grupo de interesados y hasta mafiosos con los que debe estar acordando algún tipo de reparto del poder, y de cierto sector del empresariado que demuestra que no importa quién sino cómo. Pero también hay que preguntarnos si Ollanta será en el caso de ganar un títere de esos intereses o los dejará de lado al estilo Fujimori. Hay algunos que hasta teorizan con la posibilidad de un golpe al Congreso para legitimar sus intenciones o una convocatoria constitucional.
Lo cierto es que este candidato se ha subido en la ola sudamericana actual. Hoy tres de enero ha recibido un espaldarazo de Hugo Chávez y de Evo Morales en el Palacio de Miraflores, lo que le ayudará más de lo que pueda perjudicarlo. Ambos mandatarios han solicitado la unidad de la izquierda peruana, equivocando la perspectiva, porque los que estamos en Perú sabemos que Ollanta no representa un voto de izquierda.
Mientras la campaña contra Ollanta se centre en el padre, el hermano, en Evo o en Chavéz, la intensión de voto no aminorará. Algunos medios han contribuido tenazmente a avivar esa estrategia política y han llegado hasta el burdo antisemitismo. Cuando si dedicarán más tiempo o espacio a las propuestas de los candidatos les harían un favor.
Fujimori estaba ahí y nadie lo vio; la gente percibió que Mario Vargas Llosa se adaptó al sistema y lo abandonó. Toledo estaba ahí y lo satanizaron hasta que los insultos se convirtieron en su escudo; la gente percibió que Fujimori era el sistema y lo fue abandonando. Ollanta estaba ahí y nos pasamos cinco años teorizando con los tres candidatos hoy desgastados que nunca pudieron remontar ser parte de lo mismo. ¿Se convertirá en eso Ollanta?
Aclaración necesaria
He recibido varios correos de conocidos y de desconocidos señalando que mi posición es apoyar la irrupción de Ollanta o avalar las barbaridades del etnonacionalismo. Ni lo uno ni lo otro. A Ollanta lo entrevisté una vez en Radio San Borja y nunca más lo vi, y el etnonacionalismo es una ideología que va totalmente en contra de mi principal aspiración: la libertad.
Alexandro Saco
3 1 2006
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