miércoles, 23 de diciembre de 2009

Bolivia mar


En toda situación, y con más razón en la política internacional, los vacíos se llenan. Los gobernantes y la opinión pública peruana se muestran hasta ofendidos por las tratativas entre Bolivia y Chile buscando consolidar sus intereses, cuando lo que debiéramos preguntarnos es por qué luego de ciento veinticinco años de concluida la invasión chilena, no hemos construido integración con Bolivia. Ese es el asunto, y no la intensión chilena de seguir aprovechándose de la incompetencia y de los recursos peruanos.

En pretexto es que la salida a este diferendo debe ser aprobada por el Perú si se usa para ello territorio que nos perteneció; y así llegaremos al fin de la historia, porque nunca se producirá ese visto bueno peruano para autorizar sobre territorio de Arica algún tipo de desarrollo boliviano.

Si los sucesivos gobiernos peruanos estuvieran interesados en la estabilidad regional, que pasa por que Bolivia se sienta resarcida en su derecho de acceder al mar, habrían ideado hace décadas alguna fórmula para facilitar ese acceso al Pacífico. Pero que hacemos es cumplir el ciclo para cada cierto tiempo lleva el tema de Chile a las primeras planas. Los peruanos no nos hemos curado de la herida de la guerra, al contrario la alimentamos porque es útil para despejar otros temas de la agenda.

Esta constatación no niega que en Chile exista el interés de controlar estratégicamente recursos o de hacer lo posible para ganar en cuanta situación que los relacione con el Perú se dé. Pero eso no justifica la incapacidad de los gobiernos peruanos para no idear una estrategia que enfrente esa realidad. Nos conformamos con un nacionalismo de grita, enarbolado por los mismos que cuando aparece un partido que se denomina nacionalista lo condenan como cavernario.

Ahora ya no sólo es Chile el malo de la película, el diablo boliviano aparece, alimentado por las exageraciones de Morales sobre ciertos temas. Pero sin duda el gobierno peruano y sobre todo García, se han contribuido a las tenciones; pero los analistas peruanos absuelven al presidente solidarizándose con la casusa nacional.

Si Chile lograra un acuerdo con Bolivia sobre temas energéticos, de agua o de comercio, ese acuerdo será válido y producto también de la forma en que los peruanos nos conducimos en esta relación de a tres. Un gobierno como el actual nos dejará una serie de situaciones anti históricas, a la que se sumará como cereza al pastel, una probable alianza estratégica Chile Bolivia. Ni en el peor de los sueños de Bolognesi, hubiéramos pensado que los responsables de ello seriamos los peruanos.

¿Habrá tiempo y enfoques para revertir esto? La demanda ante La Haya es un acierto, más allá del resultado de ésta. Este periodo antes del fallo definitivo puede servir para encontrar una fórmula que coloque a los tres actores en una posición expectante hacia el siglo XXI. Si bien la reivindicación boliviana es la más evidente, el asunto no se resolverá si Chile no atiende sus intereses. Perú puede colocarse por sobre la coyuntura, si en realidad estamos dispuestos a ceder posiciones, proteger intereses y entregar unos pedazos de tierra para un puerto boliviano con soberanía o algo que se el parezca en la costa del Pacífico.

Alexandro Saco
31 8 2009

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