El gobierno chino ha convocado al embajador español en Pekín para quejarse por la actuación de la Audiencia Nacional española en dos procesos que está siguiendo por el presunto genocidio del Tibet y la persecución, tortura e internamiento en campos de trabajo de los practicantes de Falun Gong. El gobierno chino declaró que estas investigaciones sobre el Tibet eran una interferencia y las calificó de absoluta mentira. Mientras que los seguidores de Falun Gong denuncian que desde 1999, año en que se desató la persecución en su contra, se han asesinado a miles y encerrado a cientos de miles. Las denuncias sobre esta persecución están al alcance de la prensa peruana que desee enterarse. Yo mismo he entrevistado a practicantes de Falun Gong en Lima, que se reúnen martes y jueves en uno de los parques de San Borja para su práctica.
Veamos lo que dice Andrés Oppenheimer en la página quince de sus Cuentos Chinos. “Y, aunque a muchos nos repugnen los excesos del sistema chino, y no quisiéramos trasplantar ese modelo a América latina, no hay duda de que la estrategia está logrando reducir la pobreza a pasos agigantados”. La estrategia del gobierno chino es indivisible: Capitalismo y represión. Avalar el sistema económico chino es ignorar el pisoteo de los DDHH, es apoyar en su conjunto la estrategia. A esa conclusión se llega siguiendo la misma lógica de Oppenheimer, que no puede disociar los alcances de Cuba en algunos aspectos del desarrollo social de sus limitaciones en DDHH. Nuestro analista y sus seguidores utilizan un doble estándar. No les preocupan los DDHH de cubanos o venezolanos, sino que exista un modelo económico correcto según su interpretación. Se llega a esa conclusión observando el entusiasmo con que algunos se refieren al modelo chino y enarbolan la competitividad de ese país.
Una más de China. Su gobierno ha puesto en marcha una campaña de censura en Internet sin precedente. Google aceptó hace unos meses que su versión china sea mutilada para no dar resultados en la búsqueda de palabras como Tibet, Tiananmen, DDHH, democracia, etc. Pero el gobierno chino ha ido más allá al censurar ahora la versión internacional del buscador e interferir en correos como yahoo y el propio google, por medio de sus más de diez mil funcionarios dedicados a esa labor de censura en Internet. Desde la semana pasada en toda China sólo se puede usar la versión mutilada de google, lo que impide el trabajo de los extranjeros que necesitan consultar la red. Si alguno de los ciento treinta millones de usuarios chinos es descubierto accediendo a páginas prohibidas puede pasar la vida en prisión.
Siendo los DDHH universales e indivisibles, es asombroso que cuando se habla de China como modelo y mercado a conquistar, se pueda obviar alegremente estos aspectos. Ni a Oppenheimer ni a sus aprendices parece importarles los campos de trabajo (por no decir de concentración), la destrucción de la cultura tibetana y el genocidio que contó con el actual presidente Hu Hintao como responsable de esa región en los años de crisis, tiempos en los que desde templos hasta oficinas públicas fueros reducidos a escombros por tropas chinas. Lo que sucede es que occidente tiene sus bestias negras en Cuba, Venezuela y ahora Bolivia. Pero mientras un régimen totalitario tortura, desaparece y censura, pero aplica las reglas del “mercado”, occidente y los capitales no se hacen problema, por el contrario generan una apología de China y la colocan como modelo.
Esos son los cuentos chinos que venimos oyendo. Como vemos no se trata del valor de la libertad y de la persona humana lo que se defiende cuando los seguidores de Oppenheimer alistan sus baterías para demoler a los que confrontan las limitaciones del modelo latinoamericano actual. Existe una veneración enfermiza del capital, del mercado, de la información oficial. No importa que los chinos trabajen dieciocho horas o desaparezcan: Viva la competitividad. Es ese doble estándar el que genera las respuestas electorales “inesperadas”. Así se pretenda ridiculizar el pensamiento distinto con los lugares comunes que el neoliberalismo riega con su enorme influencia, sus inconsistencias, como la admiración al modelo chino, son el espejo de sus limitaciones.
Alexandro Saco
www.radiosanborja.com
sábado, 17 de junio de 2006
Internet y la teletransportación
Internet es la revolución rampante. Aún no llegamos a reconocer la dimensión de sus alcances y la seguimos creyendo sólo un instrumento de comunicación e información. Internet es más, es una nueva forma de interrelación personal y social en la que las dimensiones espacial y temporal se han diluido o por lo menos reinterpretado. Así, los límites del espacio necesario para almacenar datos no son problema, como tampoco lo es la distancia que separa a uno de otro usuario. Sea ésta de una antípoda a otra la comunicación es instantánea. Los costos en la comunicación tienden a bajar, ya que el acceso a la red crea la posibilidad de escribir oír y ver al interlocutor sin necesidad de recurrir a las empresas de telefonía, que para no perder ingresos se han involucrado en el servicio de Internet.
Varios asuntos se desprenden de esta tecnología que nos permite replantear algunos supuestos. Uno de ellos es la tele transportación, es decir llevar un objeto de un lugar a otro sin necesidad de hacerlo físicamente. Eso es ahora posible del siguiente modo. Imaginemos un libro impreso en nuestro escritorio. Ese libro tiene su correspondiente archivo digital sea en Word, PDF o algún otro procesador de textos. Ese libro se imprimió utilizando ese archivo, y esa impresión, con la última generación de impresoras, se puede hacer en nuestro propio escritorio. Ahora bien. Otro usuario de la red se encuentra a miles de kilómetros y quiere tener ese libro en sus manos. Vía nuestro correo electrónico le enviamos el archivo. Nuestro interlocutor lo recibe, realiza el mismo procedimiento de impresión que le permite tener un libro completo en pocos minutos. Esa persona a miles de kilómetros tiene en sus manos el mismo libro que la otra persona, y lo tiene sin que haya tenido que desplazarse físicamente. La Internet ha logrado la tele transportación. Es posible hacer que un objeto viaje miles de kilómetros sin necesidad de que lo haga físicamente, lo hace virtualmente.
Como vemos, las nociones físicas y comunicacionales se han alterado. Lógicamente habrá quienes cuestionen estas comprobaciones aguerridamente, pero el tiempo los convertirá en análogos a los que se resistían a aceptar la redondez de la tierra o lo accesorio del mismo planeta en el sistema solar. Nuestro entendimiento sobre la realidad con Internet está sufriendo el mayor embate, a mi entender, desde que el hombre descubrió el fuego. Si bien los usuarios potenciales de la red no llegan a ser ni un sexto de la población del mundo y este uso generalmente se limita a procedimientos simples, la perspectiva que se nos presenta es ilimitada.
Pero hay temas pendientes que tienen que ver con la política que deben ser enfrentados. El ICANN, organismo dependiente del Departamento de Comercio de EEUU, es el que gestiona el sistema de otorgamiento de direcciones en la red. Asuntos como éste fueron abordados en la segunda fase de la Cumbre Mundial Sobre la Sociedad de la Información, celebrada en Túnez en noviembre de 2005. En ella se planteó la necesidad de democratizar el control de acceso a las direcciones electrónicas, pero esté punto tuvo resistencias que paradójicamente favorecieron a los EEUU, de países que no permiten acceso libre a la información de la red como China, Irán o Cuba. El caso de China es alarmante, su gobierno mantiene más de diez mil funcionarios dedicados exclusivamente a bloquear los sitios web que contengan información que pueda develar la tiranía estatal; y si algún chino es descubierto accediendo a esta información puede terminar encarcelado de por vida.
Existe todo un universo paralelo desplegado frente a nuestros ojos en las pantallas de los ordenadores. Cada persona o institución lo aprovechará según sus capacidades o limitaciones. Este universo paralelo sería un éxtasis para los grandes cerebros de la humanidad si estuvieran hoy vivos. Para nosotros no lo es tanto, los que lo tienen lo ven como algo natural. Ese universo paralelo nos puede facilitar mucho. Dada su novedad, sería idóneo no trasmitirle las taras de nuestra interacción comunicacional. Los estados deben no deben ser los que tengan mayor poder sobre la información. Un nuevo espacio tiempo a-temporal y a-espacial se nos presenta.
Alexandro Saco
www.radiosanborja.com
Varios asuntos se desprenden de esta tecnología que nos permite replantear algunos supuestos. Uno de ellos es la tele transportación, es decir llevar un objeto de un lugar a otro sin necesidad de hacerlo físicamente. Eso es ahora posible del siguiente modo. Imaginemos un libro impreso en nuestro escritorio. Ese libro tiene su correspondiente archivo digital sea en Word, PDF o algún otro procesador de textos. Ese libro se imprimió utilizando ese archivo, y esa impresión, con la última generación de impresoras, se puede hacer en nuestro propio escritorio. Ahora bien. Otro usuario de la red se encuentra a miles de kilómetros y quiere tener ese libro en sus manos. Vía nuestro correo electrónico le enviamos el archivo. Nuestro interlocutor lo recibe, realiza el mismo procedimiento de impresión que le permite tener un libro completo en pocos minutos. Esa persona a miles de kilómetros tiene en sus manos el mismo libro que la otra persona, y lo tiene sin que haya tenido que desplazarse físicamente. La Internet ha logrado la tele transportación. Es posible hacer que un objeto viaje miles de kilómetros sin necesidad de que lo haga físicamente, lo hace virtualmente.
Como vemos, las nociones físicas y comunicacionales se han alterado. Lógicamente habrá quienes cuestionen estas comprobaciones aguerridamente, pero el tiempo los convertirá en análogos a los que se resistían a aceptar la redondez de la tierra o lo accesorio del mismo planeta en el sistema solar. Nuestro entendimiento sobre la realidad con Internet está sufriendo el mayor embate, a mi entender, desde que el hombre descubrió el fuego. Si bien los usuarios potenciales de la red no llegan a ser ni un sexto de la población del mundo y este uso generalmente se limita a procedimientos simples, la perspectiva que se nos presenta es ilimitada.
Pero hay temas pendientes que tienen que ver con la política que deben ser enfrentados. El ICANN, organismo dependiente del Departamento de Comercio de EEUU, es el que gestiona el sistema de otorgamiento de direcciones en la red. Asuntos como éste fueron abordados en la segunda fase de la Cumbre Mundial Sobre la Sociedad de la Información, celebrada en Túnez en noviembre de 2005. En ella se planteó la necesidad de democratizar el control de acceso a las direcciones electrónicas, pero esté punto tuvo resistencias que paradójicamente favorecieron a los EEUU, de países que no permiten acceso libre a la información de la red como China, Irán o Cuba. El caso de China es alarmante, su gobierno mantiene más de diez mil funcionarios dedicados exclusivamente a bloquear los sitios web que contengan información que pueda develar la tiranía estatal; y si algún chino es descubierto accediendo a esta información puede terminar encarcelado de por vida.
Existe todo un universo paralelo desplegado frente a nuestros ojos en las pantallas de los ordenadores. Cada persona o institución lo aprovechará según sus capacidades o limitaciones. Este universo paralelo sería un éxtasis para los grandes cerebros de la humanidad si estuvieran hoy vivos. Para nosotros no lo es tanto, los que lo tienen lo ven como algo natural. Ese universo paralelo nos puede facilitar mucho. Dada su novedad, sería idóneo no trasmitirle las taras de nuestra interacción comunicacional. Los estados deben no deben ser los que tengan mayor poder sobre la información. Un nuevo espacio tiempo a-temporal y a-espacial se nos presenta.
Alexandro Saco
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Entre Abimael y Hitler
Alejémonos del proceso electoral y preguntémonos por qué los extremos representados por Abimael y Hitler pueden estar presentes. Se podría decir que a falta de una introspección sincera estos estereotipos son el recurso más al alcance. No hay que argumentar demasiado, el nazismo y el senderismo son una condena definitiva, no hay nada que se les oponga, y si alguien tratara de reinterpretar sus orígenes será descalificado. Lo cierto es que las cosas no nacen del aire, todo fenómeno es producto de una realidad que lo alimenta. Si bien alguna retórica dice combatirlo, al no preguntarse allende lo evidente y quedarse en la adjetivación, lo alimenta.
En el caso peruano la asociación del oponente político con Sendero es el recurso final. Ahí está la década del noventa para demostrarlo y la actualidad para confirmarlo. Lo lamentable es que se cierra el círculo de la interpretación de la realidad recurriendo a los monstruos del siglo XX. Se crea un límite para desarrollar una nueva interpretación y propuesta. No debemos llegar al 2021, para usar esa fecha simbólica, diciéndole senderista al que no piensa como uno cuando plantea reformar el modelo. Los modelos políticos y económicos no pueden ser eternos, es un despropósito otorgarle validez definitiva a lo que ahora hay. Si esa lógica fuera la válida, seguiríamos con quién sabe qué arcaísmo social. El confrontar y descreer de lo que se tiene es sin duda la base del progreso. Eso no quiere decir destruir todo, pero sí implica pensar que la inamovilidad es defendida por los que se favorecen de lo existente. Eres un senderista: esa no es una fórmula política interesante.
Se trata entonces de alejar definitivamente a esos fantasmas que nos persiguen. El idioma brinda miles de palabras para configurar una definición. Sendero y sus adjetivos derivados son una valla muy alta aún. Del mismo modo el nazismo y Hitler son utilizados alegremente por algunos y fundamentadamente por otros, para prefigurar un destino próximo de llegar tal o cual escenario. La barbarie y el genocidio hitlerianos, así como otras barbaries y genocidios extrañamente silenciados, implican un conjunto de actos muy concretos. Para combatir a alguien que se considera peligroso, utilizar los extremos puede hacer que más personas lo terminen apoyando, porque la exageración es percibida como el recurso de la falta de recurso. Abimael y Hitler no deben ser el límite de la contienda política. Puede que parezca funcional utilizarlos, pero de tanta presencia hasta simpatías podrían levantar. El uso de esas figuras es tan superfluo como el análisis que dice que sólo los pobres votan por tal o cual candidato.
El país y el mundo son mucho más amplios que estos paradigmas de lo políticamente insano. Tratar de establecer criterios más claros acerca del Holocausto o del fenómeno senderista es casi convertirse en alguien que avala esos despropósitos. No pues. Existimos los que creemos que todo hecho histórico puede ser examinado en cualquier momento justamente para establecer cuanto de verdad o de imágenes construidas puede haber en ello. El mundo actual es en muchos sentidos un reflujo de los hechos que desataron y concluyeron La Segunda Guerra Mundial, el Perú actual es sin duda un reflujo de las acciones de Sendero Luminoso. Para aclarar el sentido de los límites establecidos es necesario, si uno lo considera, observar determinados hechos, antes que levantarlos como banderita protectora de la libertad.
El cuco no solamente viene cuando el niño no toma la sopa o no hace la tarea. El cuco está en los altos niveles de la política nacional e internacional. El cuco nos enfrenta cuando se pone en cuestión la estructura, cuando se plantea que el desarrollo no es tal, cuando se sostiene que a este ritmo industrial la tierra no vivirá más de dos siglos. El cuco es funcional cuando los límites se disfrazan de libertad. Cuando la ecuación no cuadra, el elemento que parece consolidarla es el recurso de la deslegitimación. No hay mayor deslegitimación que la acusación de senderismo o nazismo. Ambos ismos son repudiables, eso esta fuera de dudas. El Perú debe superar a sendero y el mundo a Hitler, aún no lo hemos hecho. Los cíclopes y los dragones no murieron, sólo se han puesto disfraz.
Alexandro Saco
Comunicador Abogado
www.civilizacion.com
En el caso peruano la asociación del oponente político con Sendero es el recurso final. Ahí está la década del noventa para demostrarlo y la actualidad para confirmarlo. Lo lamentable es que se cierra el círculo de la interpretación de la realidad recurriendo a los monstruos del siglo XX. Se crea un límite para desarrollar una nueva interpretación y propuesta. No debemos llegar al 2021, para usar esa fecha simbólica, diciéndole senderista al que no piensa como uno cuando plantea reformar el modelo. Los modelos políticos y económicos no pueden ser eternos, es un despropósito otorgarle validez definitiva a lo que ahora hay. Si esa lógica fuera la válida, seguiríamos con quién sabe qué arcaísmo social. El confrontar y descreer de lo que se tiene es sin duda la base del progreso. Eso no quiere decir destruir todo, pero sí implica pensar que la inamovilidad es defendida por los que se favorecen de lo existente. Eres un senderista: esa no es una fórmula política interesante.
Se trata entonces de alejar definitivamente a esos fantasmas que nos persiguen. El idioma brinda miles de palabras para configurar una definición. Sendero y sus adjetivos derivados son una valla muy alta aún. Del mismo modo el nazismo y Hitler son utilizados alegremente por algunos y fundamentadamente por otros, para prefigurar un destino próximo de llegar tal o cual escenario. La barbarie y el genocidio hitlerianos, así como otras barbaries y genocidios extrañamente silenciados, implican un conjunto de actos muy concretos. Para combatir a alguien que se considera peligroso, utilizar los extremos puede hacer que más personas lo terminen apoyando, porque la exageración es percibida como el recurso de la falta de recurso. Abimael y Hitler no deben ser el límite de la contienda política. Puede que parezca funcional utilizarlos, pero de tanta presencia hasta simpatías podrían levantar. El uso de esas figuras es tan superfluo como el análisis que dice que sólo los pobres votan por tal o cual candidato.
El país y el mundo son mucho más amplios que estos paradigmas de lo políticamente insano. Tratar de establecer criterios más claros acerca del Holocausto o del fenómeno senderista es casi convertirse en alguien que avala esos despropósitos. No pues. Existimos los que creemos que todo hecho histórico puede ser examinado en cualquier momento justamente para establecer cuanto de verdad o de imágenes construidas puede haber en ello. El mundo actual es en muchos sentidos un reflujo de los hechos que desataron y concluyeron La Segunda Guerra Mundial, el Perú actual es sin duda un reflujo de las acciones de Sendero Luminoso. Para aclarar el sentido de los límites establecidos es necesario, si uno lo considera, observar determinados hechos, antes que levantarlos como banderita protectora de la libertad.
El cuco no solamente viene cuando el niño no toma la sopa o no hace la tarea. El cuco está en los altos niveles de la política nacional e internacional. El cuco nos enfrenta cuando se pone en cuestión la estructura, cuando se plantea que el desarrollo no es tal, cuando se sostiene que a este ritmo industrial la tierra no vivirá más de dos siglos. El cuco es funcional cuando los límites se disfrazan de libertad. Cuando la ecuación no cuadra, el elemento que parece consolidarla es el recurso de la deslegitimación. No hay mayor deslegitimación que la acusación de senderismo o nazismo. Ambos ismos son repudiables, eso esta fuera de dudas. El Perú debe superar a sendero y el mundo a Hitler, aún no lo hemos hecho. Los cíclopes y los dragones no murieron, sólo se han puesto disfraz.
Alexandro Saco
Comunicador Abogado
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Fútbol 2006
El fútbol es lucha, orden, equipo, y sorpresa. Sin duda es el fenómeno de masas del siglo XX. Ninguna cultura ha podido resistirse a convertirlo en un elemento importante de su desenvolvimiento social. Es el deporte universal, convertido también en un enorme negocio, pero eso no le quita su esencia. Esa esencia es la confrontación de dos opciones para superar una a la otra. Algunas veces el triunfo se logra por el orden y la disciplina del conjunto. Otras por la genialidad de uno de los jugadores. Ahí donde la táctica y el planteamiento son el límite del juego, aparece uno sólo que desmonta en segundos toda la argumentación teórica. En el fútbol como en las sociedades, siempre habrá alguien que puede romper la inercia y cambiar de plano una situación que parecía prolongarse.
El fútbol no es un arte, es deporte. El equipo recibe un respaldo que se halla más allá del razonamiento. La empatía es el hilo conductor de las preferencias. Por eso lo asombroso de la persistencia de los equipos futbolísticos en el tiempo, así por décadas no hallan logrado algo importante. Como el Sevilla o el Cienciano que demostraron que la simpatía de sus seguidores pudo esperar más de sesenta años para obtener un triunfo internacional. Pero el fútbol, para los que no competimos, no sólo es preferencia por un determinado equipo. Algunos creemos que este deporte está más allá de las camisetas, que el hecho de disfrutar de un buen partido es ya un regalo y podemos quedar pegados a la pantalla viendo repeticiones memorables sean de Perú o de alguna otra selección.
La esfera como parte inseparable de éste y de la mayoría de deportes que requieren de un elemento en juego, es una interesante metáfora de nuestra relación con el planeta. Por algún motivo físico, la esfera es la forma en que el universo ha dispuesto que se organicen su cuerpos principales. El hombre está ligado a una esfera a la que lo que más hace es pisar. La pelota esfera balón, es la versatilidad de las propiedades físicas, sin duda hay una relación entre nuestros balones y las esferas cósmicas. Y el fútbol, representación de la eterna competencia, sustenta su juego también en una de las propiedades de la esfera.
La pelota tiene una analogía con el libro. Ambos no necesitan cambiar para adecuarse a los tiempos. Un libro es básicamente igual a cuando se empezaron a producir y sólo requiere modificaciones accesorias, una pelota nunca dejará de ser redonda. Quizá como la de Alemania 2006 tenga menos paños, ya no los treinta y dos que contábamos sentados sobre el césped, pero eso no la hace distinta.
Tampoco hace distinta a la pelota que se le incorpore un chip para determinar si ingresó o no al arco, pero sí le quita esencia al fútbol. Sería mejor que más allá de lo mínimo necesario la tecnología no invada la chancha y los noventa minutos de juego, porque si algo le da sentido a los partidos, es también la no certeza de las decisiones del árbitro. Las computadoras son muy útiles, no las metamos en todas partes, dejémoslas en donde realmente son necesarias, no en un deporte que desde hace setenta y seis años cada cuatro nos hace creer por unas semanas que lo más importante no es la política ni la economía. Si bien el negocio del fútbol es enorme, la autonomía de su juego en esos cinco mil metros cuadrados está protegida de la distorsión del mercado. Afuera puede que halla toda una industria, adentro hay una bola y veintitrés humanos.
El viernes el planeta Tierra nuevamente se concentrará en el destino de una bola en Alemania 2006. Dirán algunos por qué darle tanta importancia a un estúpido deporte. Primero porque los deportes y la actividad física son parte natural de la vida humana. Cosa distinta es que la modernidad nos haya hecho creer lo contrario. La actividad física representada en el deporte desde hace miles de años ya fue considerada importante. Alejar a la gente del deporte es un absurdo. El fútbol de nuestro país sólo será mejor cuando existan canchas de fútbol en las que la gente juegue cuando le de la gana y gratis, no cuando un reducido grupo pueda hacerlo. Todos los que hemos jugado este deporte sabemos que sólo se necesitan cinco mil metros verdes y una pelota, sin eso al alcance de los jóvenes no pidan grandes cosas.
Alexandro Saco
www.radiosanborja.com
El fútbol no es un arte, es deporte. El equipo recibe un respaldo que se halla más allá del razonamiento. La empatía es el hilo conductor de las preferencias. Por eso lo asombroso de la persistencia de los equipos futbolísticos en el tiempo, así por décadas no hallan logrado algo importante. Como el Sevilla o el Cienciano que demostraron que la simpatía de sus seguidores pudo esperar más de sesenta años para obtener un triunfo internacional. Pero el fútbol, para los que no competimos, no sólo es preferencia por un determinado equipo. Algunos creemos que este deporte está más allá de las camisetas, que el hecho de disfrutar de un buen partido es ya un regalo y podemos quedar pegados a la pantalla viendo repeticiones memorables sean de Perú o de alguna otra selección.
La esfera como parte inseparable de éste y de la mayoría de deportes que requieren de un elemento en juego, es una interesante metáfora de nuestra relación con el planeta. Por algún motivo físico, la esfera es la forma en que el universo ha dispuesto que se organicen su cuerpos principales. El hombre está ligado a una esfera a la que lo que más hace es pisar. La pelota esfera balón, es la versatilidad de las propiedades físicas, sin duda hay una relación entre nuestros balones y las esferas cósmicas. Y el fútbol, representación de la eterna competencia, sustenta su juego también en una de las propiedades de la esfera.
La pelota tiene una analogía con el libro. Ambos no necesitan cambiar para adecuarse a los tiempos. Un libro es básicamente igual a cuando se empezaron a producir y sólo requiere modificaciones accesorias, una pelota nunca dejará de ser redonda. Quizá como la de Alemania 2006 tenga menos paños, ya no los treinta y dos que contábamos sentados sobre el césped, pero eso no la hace distinta.
Tampoco hace distinta a la pelota que se le incorpore un chip para determinar si ingresó o no al arco, pero sí le quita esencia al fútbol. Sería mejor que más allá de lo mínimo necesario la tecnología no invada la chancha y los noventa minutos de juego, porque si algo le da sentido a los partidos, es también la no certeza de las decisiones del árbitro. Las computadoras son muy útiles, no las metamos en todas partes, dejémoslas en donde realmente son necesarias, no en un deporte que desde hace setenta y seis años cada cuatro nos hace creer por unas semanas que lo más importante no es la política ni la economía. Si bien el negocio del fútbol es enorme, la autonomía de su juego en esos cinco mil metros cuadrados está protegida de la distorsión del mercado. Afuera puede que halla toda una industria, adentro hay una bola y veintitrés humanos.
El viernes el planeta Tierra nuevamente se concentrará en el destino de una bola en Alemania 2006. Dirán algunos por qué darle tanta importancia a un estúpido deporte. Primero porque los deportes y la actividad física son parte natural de la vida humana. Cosa distinta es que la modernidad nos haya hecho creer lo contrario. La actividad física representada en el deporte desde hace miles de años ya fue considerada importante. Alejar a la gente del deporte es un absurdo. El fútbol de nuestro país sólo será mejor cuando existan canchas de fútbol en las que la gente juegue cuando le de la gana y gratis, no cuando un reducido grupo pueda hacerlo. Todos los que hemos jugado este deporte sabemos que sólo se necesitan cinco mil metros verdes y una pelota, sin eso al alcance de los jóvenes no pidan grandes cosas.
Alexandro Saco
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sábado, 3 de junio de 2006
4 de junio: Dónde se nos quedó el cerebro
Sea en el espacio social más reducido o en el más amplio, los procesos electorales dejan aflorar las percepciones y los miedos básicos que cada persona o grupo alberga. Este proceso electoral ha sido largamente ganado por los miedos, que en su afán conservador han evidenciado de lo que son capaces. La información y la opinión en su mayoría se han convertido en descalificación, muchos de los opinantes e informantes han debido hacer contorsiones mentales para tratar de legitimar su posición en pro del continuismo radical.
Una cosa es la denuncia, el seguimiento de personajes impresentables, la opinión, otra muy distinta es la obsesión, la manipulación de la realidad. A eso se ha llegado abiertamente. Se puede discrepar de las ideas y de las propuestas y combatirlas con mejor argumento, lo que no se debe hacer es cerrar el canal informativo para que las ideas contrarias lleguen caricaturizadas o simplemente no lleguen. El Perú informativo del proceso electoral 2006 como ya se ha dicho, será un campo de estudio fructífero para el psicoanálisis periodístico: Histeria, obsesión, fobia y hasta esquizofrenia de los que ayer eran A y hoy son Z.
Mientras no se repare en esa enfermiza reacción informativa y social, seguiremos abonando el campo de apariciones impensadas. En un país en el que sus instituciones básicas se encuentran en una crisis profunda, el periodismo y la información no pueden ser una isla inmaculada. Un gran sector del periodismo peruano necesita un tratamiento, una introspección urgente. El poder de colocar una portada en todos los quioscos del país o el de aparecer en la pantalla de la TV en horario estelar, coloca a sus responsables en una burbuja. Todo poder pierde contacto con la realidad. Así como el político se aleja de la sociedad, el periodista tras la portada o tras la cámara, va perdiendo el sentido de la realidad y cree que su proceder es el correcto.
Lo señalado no hace mejor a uno ni a otro candidato. Lo lamentable es que todos los llamados a que la campaña electoral sea propositiva, fueron devorados por la información distorsionada que cuenta con más llegada a la población. Esa misma información ha tenido que elaborar una tras otra teorías muy endebles para sustentar su interés. Y hoy, a pocos días del 4 de junio, una de las últimas cartas se está jugando: Alentar la violencia. Porque tras la denuncia de las acciones violentas de ambos grupos en competencia, lo que hay es la intensión de crear el ambiente para que sea cual sea el resultado, haya actos que deslegitimen las ideas que han arrinconado al sentido común neoliberal.
Hay una incapacidad mayúscula en nosotros que nos impide entender la lógica de la competencia electoral. Al autoritarismo que algunos medios señalan y denuncian, es la práctica que ellos mismos han realizado. El autoritarismo no sólo es estatal, es un fenómeno que se puede dar en cualquier grupo organizado. Hay una herencia autoritaria que añora la década del noventa como modelo y que no se atreve a decirlo abiertamente, pero aplica los métodos del maestro de la distorsión encerrado en la base naval, al que oh sorpresa, se le otorga credibilidad absoluta. Si bien no hay dinero de por medio en la actualidad, no hay necesidad de eso, los alumnos han aprendido la lección, la ponen en práctica y tristemente arrastran a gente seria en ese ánimo destructivo.
Decir que los medios de comunicación no tienen el poder sobre la gente para que vote en tal o cual sentido, no es válido. Lo que sucede es que éstos deben tratar de ofrecer, más allá de su línea editorial, un reflejo de la realidad y no la caricatura que en algunos casos sus intereses trasmiten. Nuestros procesos electorales no son discusión de propuestas. Son épocas en las que nuestro inconciente disgregador aparece en su máxima expresión. No basta decirse democrático para serlo. La democracia es un aprendizaje. El presente proceso electoral demuestra qué tan lejos estamos de entender los requisitos mínimos para avanzar en un intento democrático. El cerebro se nos ha quedado en algún lugar, lejos de muchas pantallas, ondas radiales o portadas de diario. El resultado electoral del 4 de junio será en mucha medida una respuesta a lo que la información ha venido alimentando durante el presente año.
Alexandro Saco
28 5 2006
Una cosa es la denuncia, el seguimiento de personajes impresentables, la opinión, otra muy distinta es la obsesión, la manipulación de la realidad. A eso se ha llegado abiertamente. Se puede discrepar de las ideas y de las propuestas y combatirlas con mejor argumento, lo que no se debe hacer es cerrar el canal informativo para que las ideas contrarias lleguen caricaturizadas o simplemente no lleguen. El Perú informativo del proceso electoral 2006 como ya se ha dicho, será un campo de estudio fructífero para el psicoanálisis periodístico: Histeria, obsesión, fobia y hasta esquizofrenia de los que ayer eran A y hoy son Z.
Mientras no se repare en esa enfermiza reacción informativa y social, seguiremos abonando el campo de apariciones impensadas. En un país en el que sus instituciones básicas se encuentran en una crisis profunda, el periodismo y la información no pueden ser una isla inmaculada. Un gran sector del periodismo peruano necesita un tratamiento, una introspección urgente. El poder de colocar una portada en todos los quioscos del país o el de aparecer en la pantalla de la TV en horario estelar, coloca a sus responsables en una burbuja. Todo poder pierde contacto con la realidad. Así como el político se aleja de la sociedad, el periodista tras la portada o tras la cámara, va perdiendo el sentido de la realidad y cree que su proceder es el correcto.
Lo señalado no hace mejor a uno ni a otro candidato. Lo lamentable es que todos los llamados a que la campaña electoral sea propositiva, fueron devorados por la información distorsionada que cuenta con más llegada a la población. Esa misma información ha tenido que elaborar una tras otra teorías muy endebles para sustentar su interés. Y hoy, a pocos días del 4 de junio, una de las últimas cartas se está jugando: Alentar la violencia. Porque tras la denuncia de las acciones violentas de ambos grupos en competencia, lo que hay es la intensión de crear el ambiente para que sea cual sea el resultado, haya actos que deslegitimen las ideas que han arrinconado al sentido común neoliberal.
Hay una incapacidad mayúscula en nosotros que nos impide entender la lógica de la competencia electoral. Al autoritarismo que algunos medios señalan y denuncian, es la práctica que ellos mismos han realizado. El autoritarismo no sólo es estatal, es un fenómeno que se puede dar en cualquier grupo organizado. Hay una herencia autoritaria que añora la década del noventa como modelo y que no se atreve a decirlo abiertamente, pero aplica los métodos del maestro de la distorsión encerrado en la base naval, al que oh sorpresa, se le otorga credibilidad absoluta. Si bien no hay dinero de por medio en la actualidad, no hay necesidad de eso, los alumnos han aprendido la lección, la ponen en práctica y tristemente arrastran a gente seria en ese ánimo destructivo.
Decir que los medios de comunicación no tienen el poder sobre la gente para que vote en tal o cual sentido, no es válido. Lo que sucede es que éstos deben tratar de ofrecer, más allá de su línea editorial, un reflejo de la realidad y no la caricatura que en algunos casos sus intereses trasmiten. Nuestros procesos electorales no son discusión de propuestas. Son épocas en las que nuestro inconciente disgregador aparece en su máxima expresión. No basta decirse democrático para serlo. La democracia es un aprendizaje. El presente proceso electoral demuestra qué tan lejos estamos de entender los requisitos mínimos para avanzar en un intento democrático. El cerebro se nos ha quedado en algún lugar, lejos de muchas pantallas, ondas radiales o portadas de diario. El resultado electoral del 4 de junio será en mucha medida una respuesta a lo que la información ha venido alimentando durante el presente año.
Alexandro Saco
28 5 2006
Sobre El código Da Vinci
Entrevista en RTP
http://www.presenciacultural.com/blog/2006/05/27/fe-y-censura-ernesto-hermoza-entrevista-a-alexandro-saco/
La fe es privada. Es una elección personal y respetable. La religión es un accionar público principalmente irradiado desde estructuras eclesiásticas como la iglesia. En este accionar se establecen orientaciones que se dirigen a sus creyentes, pero que al estar imbricadas en diferentes planos sociales, terminan teniendo entre otras una intención mayor: Desautorizar las observaciones que se planteen a determinado punto en discusión. El razonamiento contrario es simple, si las religiones desde sus voceros intervienen en asuntos que van más allá de la fe personal, entonces ellas mismas legitiman que se pueda abordar asuntos concernientes a su desenvolvimiento en lo social.
El revuelo desatado por El código Da Vinci es un ejemplo de la distorsión de la que parte en algunos casos un llamado a su censura. Lo irónico es que se está discutiendo sobre la base de una ficción, de una obra literaria. El error parte de tomar esa creación literaria como una afirmación concreta. Inversamente podemos decir que para muchos no creyentes los evangelios son una obra de ficción, un libro escrito por gente común. Los que censuran el libro de Dan Brown le están confiriendo a éste el mismo valor que a las escrituras en las que creen. La distinción se pierde en la argumentación contra el libro y aparece el afán censor.
Si se le diera el valor de verdad a todas las ficciones que se han escrito sobre diversos asuntos religiosos o no, estaríamos envueltos en un conflicto eterno. Por otro lado no es la primera vez que se han utilizado en la ficción los llamados evangelios apócrifos sobre la relación de Jesús y Maria Magdalena. La reacción es acorde con los tiempos de inicios de este tercer milenio, los que a pesar de adornarse con la tecnología, en asuntos como este nos hacen ver qué disparejo es el desarrollo de las ideas frente a las creencias. Las ideas son discutibles, pueden ser sometidas al análisis y hasta pueden variar frente a mejor argumento; las creencias son casi estáticas e impermeables.
El triunfo de la racionalidad que el desarrollo de las ideas parecía desplegar en los últimos siglos y la separación definitiva de política y religión, en las últimas décadas ha sufrido una regresión. Los fundamentalismos religiosos se han acentuado en una relación inversa a la apertura de los mercados y al acceso a la información. Los fundamentos sobre los que se sostienen las creencias, en muchos casos, se han sentido vulnerados y en oposición a ello se han fortalecido. El triunfo de la Revolución Islámica en Irán en 1978 o el peso que han ganado los grupos religiosos en la política estadounidense, son hechos que evidencian este avance. Al interior de la iglesia católica el grupo más conservador ha ganado enorme poder e influencia.
Más allá de El código Da Vinci, este debate se repite cíclicamente. Ayer fue un montaje de la última cena o una publicidad que aludía a María. Lo que quiero decir es que la pugna por establecer límites a las expresiones sean artísticas o científicas está vigente. Tanto así que en algunos estados de EEUU se discute a nivel legislativo si se debe enseñar en las escuelas la creación divina o las teorías evolutivas. Si bien levantar la bandera del respeto es el recurso más aceptable que la censura tiene, volvemos al punto inicial: La fe es un acto personal. Mientras no se cuestione o se trasgreda la actividad personal que esa fe ejerce, los demás miembros de la sociedad tienen el derecho expedito para crear ficciones, realizar estudios, y cuestionar los dogmas que traspasan el límite de un grupo religioso determinado para involucrarse en la vida de los demás.
Dar vueltas en este círculo es justamente lo que evita que se pueda ejercer sin complejos la crítica o la creatividad. La historia escrita y la no escrita, que es quizá más fidedigna, nos brinda insumos de sobra si se tratara de argumentar contra tal o cual comportamiento de las religiones. El actual debate es sordo, pretende enredarnos en algo que no alumbrará ninguna posición definitiva, y se repetirá es un breve tiempo. Lo central es que aquel que esté frente a su teclado para crear o analizar, o que tenga la oportunidad de dirigirse a un público, lo haga dejando totalmente de lado el veto que algunos pretenden mantener vivo.
Alexandro Saco
21 5 2006
http://www.presenciacultural.com/blog/2006/05/27/fe-y-censura-ernesto-hermoza-entrevista-a-alexandro-saco/
La fe es privada. Es una elección personal y respetable. La religión es un accionar público principalmente irradiado desde estructuras eclesiásticas como la iglesia. En este accionar se establecen orientaciones que se dirigen a sus creyentes, pero que al estar imbricadas en diferentes planos sociales, terminan teniendo entre otras una intención mayor: Desautorizar las observaciones que se planteen a determinado punto en discusión. El razonamiento contrario es simple, si las religiones desde sus voceros intervienen en asuntos que van más allá de la fe personal, entonces ellas mismas legitiman que se pueda abordar asuntos concernientes a su desenvolvimiento en lo social.
El revuelo desatado por El código Da Vinci es un ejemplo de la distorsión de la que parte en algunos casos un llamado a su censura. Lo irónico es que se está discutiendo sobre la base de una ficción, de una obra literaria. El error parte de tomar esa creación literaria como una afirmación concreta. Inversamente podemos decir que para muchos no creyentes los evangelios son una obra de ficción, un libro escrito por gente común. Los que censuran el libro de Dan Brown le están confiriendo a éste el mismo valor que a las escrituras en las que creen. La distinción se pierde en la argumentación contra el libro y aparece el afán censor.
Si se le diera el valor de verdad a todas las ficciones que se han escrito sobre diversos asuntos religiosos o no, estaríamos envueltos en un conflicto eterno. Por otro lado no es la primera vez que se han utilizado en la ficción los llamados evangelios apócrifos sobre la relación de Jesús y Maria Magdalena. La reacción es acorde con los tiempos de inicios de este tercer milenio, los que a pesar de adornarse con la tecnología, en asuntos como este nos hacen ver qué disparejo es el desarrollo de las ideas frente a las creencias. Las ideas son discutibles, pueden ser sometidas al análisis y hasta pueden variar frente a mejor argumento; las creencias son casi estáticas e impermeables.
El triunfo de la racionalidad que el desarrollo de las ideas parecía desplegar en los últimos siglos y la separación definitiva de política y religión, en las últimas décadas ha sufrido una regresión. Los fundamentalismos religiosos se han acentuado en una relación inversa a la apertura de los mercados y al acceso a la información. Los fundamentos sobre los que se sostienen las creencias, en muchos casos, se han sentido vulnerados y en oposición a ello se han fortalecido. El triunfo de la Revolución Islámica en Irán en 1978 o el peso que han ganado los grupos religiosos en la política estadounidense, son hechos que evidencian este avance. Al interior de la iglesia católica el grupo más conservador ha ganado enorme poder e influencia.
Más allá de El código Da Vinci, este debate se repite cíclicamente. Ayer fue un montaje de la última cena o una publicidad que aludía a María. Lo que quiero decir es que la pugna por establecer límites a las expresiones sean artísticas o científicas está vigente. Tanto así que en algunos estados de EEUU se discute a nivel legislativo si se debe enseñar en las escuelas la creación divina o las teorías evolutivas. Si bien levantar la bandera del respeto es el recurso más aceptable que la censura tiene, volvemos al punto inicial: La fe es un acto personal. Mientras no se cuestione o se trasgreda la actividad personal que esa fe ejerce, los demás miembros de la sociedad tienen el derecho expedito para crear ficciones, realizar estudios, y cuestionar los dogmas que traspasan el límite de un grupo religioso determinado para involucrarse en la vida de los demás.
Dar vueltas en este círculo es justamente lo que evita que se pueda ejercer sin complejos la crítica o la creatividad. La historia escrita y la no escrita, que es quizá más fidedigna, nos brinda insumos de sobra si se tratara de argumentar contra tal o cual comportamiento de las religiones. El actual debate es sordo, pretende enredarnos en algo que no alumbrará ninguna posición definitiva, y se repetirá es un breve tiempo. Lo central es que aquel que esté frente a su teclado para crear o analizar, o que tenga la oportunidad de dirigirse a un público, lo haga dejando totalmente de lado el veto que algunos pretenden mantener vivo.
Alexandro Saco
21 5 2006
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