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jueves, 1 de mayo de 2008

Tibet 2008

Las reivindicaciones independentistas o por una mayor autonomía son válidas. Más aun en el caso de que una nación lo exija. Son legítimas las exigencias de Palestina, Chechenia, Sahara Occidental, Euskadi, Kosovo, Irak, o de los Aimaras si fuera el caso. En un mundo en el que la libertad económica es invocada como el camino, es hipócrita que no se apoye la búsqueda de libertad política de determinadas sociedades. El Tibet está en su derecho y la razón le asiste para liberarse de la opresión China. Que Alan García sea casi el único que apoya al Estado represor chino, es una muestra de su desequilibrio.

El Estado chino es una maquinaria de represión formidable. Aquellos despistados que ruegan que la inversión china se incremente en el Perú, deberían ver las barbaridades que están haciendo en África construyendo presas. O recordar al ejército de hakers estatales dedicados delatar a los que ingresan a páginas web prohibidas por el PCC. O entrevistar a los representantes de Falugn Gong que hay en Lima, para que les cuenten cómo se ha asesinado, encarcelado y comercializado sus órganos porque el avance de esta disciplina espiritual es peligroso para el Estado chino. Y cuando hablamos de todo esto, nos referimos al Estado chino y sus representantes, no al pueblo chino.

Que haya interés de algunas potencias occidentales por boicotear las Olimpiadas, es cierto; pero eso no invalida la realidad tibetana. China ha arrasado con los rebeldes y los asesinatos desde 1950 podrían sumar decenas de miles. Además la destrucción sistemática de templos budistas y otras manifestaciones culturales es desde cualquier ángulo brutal. Y así la CIA u otros servicios secretos puedan estar hoy o hayan estado antes apoyando las insurrecciones, acá lo que hay es una causa mayor. Esos servicios secretos seguirán haciendo sus planes en el Tibet o en la frontera Colombia- Ecuador.

Se dice que en la China el crecimiento económico traerá las libertades sociales. Demasiado complicado mientras la dictadura del PCC siga al frente. El PCC chino no se hace ningún problema por diezmar toda insurgencia, no sólo tibetana, sino las miles de revueltas que su propia información oficial divulga. De hecho con las olimpiadas encima estas arbitrariedades se van a enfocar más. El mejor castigo al PCC sería que Beijing 2008 se opaque.

La China con la actual conducción política es un peligro para el mundo. Hoy desconoce aminorar la destrucción del ambiente que está causando y que afecta a todo el planeta. Si China llega a ser la primera potencia mundial en lo militar y en lo económico, extrañaremos el imperialismo de EEUU. Hay que contener a China. Apoyar la independencia del Tibet es clave para debilitar al PCC. Acaso miles de tibetanos deban morir en ese intento, pero la historia de las ocupaciones siempre termina igual, frente a la ceguera de los ocupantes.

Volviendo al inicio de este texto, lo que se defiende es la libertad de decidir. Es tonto asumir que la división política plasmada en los mapas al 2008, significará una continuidad definitiva. Los mapas cambian y cambiarán. La historia no se detiene en los límites que cierta época considera como verdad. La naturaleza de los estados es crecer y de las naciones resistir; casi no hay caso de un Estado o de un imperio que haya por sí mismo rebajado su influencia sobre los territorios que son sus objetivos. Veamos un mapa del mundo de hace un siglo o de hace treinta años, para darnos cuenta del discurso vacío que la comunidad internacional sostiene hoy como antes los colonizadores. El cambio no se anuncia en la TV, sucede.

Ser aliado del Estado Chino es ser cómplice de los asesinatos, falta de libertades sociales, religiosas y políticas. Es demostrativo ver quiénes son los que avalan al PCC hoy. Cínicamente dicen que nos conviene apoyar a China porque nos compra mucho e invertirá más. Los que hoy prefieren el dinero del PCC Chino antes que la libertad del Tibet, se llenan la boca de libertad económica pero no pueden esconder su risible filiación totalitaria.

Alexandro Saco
26 3 2008

Hablemos de terrorismo

Y de quienes y a cuántos matan. Pero eso no interesa a los se llenan la boca de la palabra mágica de inicios del siglo XXI. El señalamiento de terrorista es un pretexto para no discutir el fondo de las cosas. Con una ligereza alucinante o premeditada, se sugiere que Alkaeda es lo mismo que las FARC y que somos parte de la lucha global contra el terrorismo. Si alguien es señalado como terrorista pierde su humanidad, sus derechos políticos, su libertad al fin. Pero lo paradójico es que los que acusan de terroristas a otros son los que destruyen y matan por medio mundo o pretenden sostener que toda protesta social es injustificada (para luego decir que los campesinos se matan entre ellos). Todos sabemos quiénes son los que hoy destruyen, pero refresquemos la memoria.

Comencemos por el presidente al que en unos días Alan García estrechará la mano para que invierta en el Perú. Se llama Hu Hintao y dirige un Estado que la semana pasada ha asesinado a más de cien tibetanos (según la prensa muchos calcinados) y que mantiene encerrados a miles que piden la libertad en esas tierras altas. Hu Hintao fue gobernador del Tibet hace tres lustros y encabezó la anterior ofensiva contra los que rechazan la ocupación china. Hablemos de los miembros de Falun Gong, una disciplina espiritual y corporal que tiene millones de practicantes en China y que por eso es vista como peligrosa para el sistema. Miles de ellos han sido encarcelados y muchos asesinados; a algunos se les extirpa los órganos para comercializarlos en Europa o EEUU; denuncias conocidas en la ONU y hechas públicas también por El País de España. Y así podríamos llenar páginas de páginas con las arbitrariedades de aquel Estado y de sus diez mil funcionarios dedicados a bloquear el acceso a Internet y de denunciar a los que observan páginas vetadas (literalmente se puede morir en la cárcel por ver una página web en China).

La permisividad del uso de la palabra terrorismo y el antojado enfoque que se hace de ésta le han quitado sentido. Una definición clásica señala que un acto terrorista es el que para lograr objetivos políticos no diferencia entre población civil o militar en sus ataques. Por ejemplo, Israel señala que una cosa distinta es asesinar a milicianos y que estos ataques cobren la vida de inocentes. Desde mi punto de vista esa es una treta que oculta otras intenciones geopolíticas. Además, en este caso, como en el caso de Irak, justificar la matanza de civiles con el escudo del asesinato de un terrorista para fines prácticos es lo mismo o peor. Todo eso, aceptando el significado de terrorismo en el discurso oficial.

La invasión a Irak o a Afganistán ejercida por los EEUU es otra de las muestras del desparpajo con que se asesina a los llamados terroristas. Jamás sabremos cuántos de los cientos de miles o millones de muertos producidos en estas guerras fueron milicianos. La mayoría de las víctimas han sido civiles inocentes; y en el caso de que fueran resistentes a la ocupación, están en todo su derecho de repeler la bota que va por el petróleo. Mientras tanto en Perú se encierra a gente que viene de un encuentro o se hace batidas en Quilca con el único ánimo de intimidar. Las justificaciones de lo que viene sucediendo en el país contra los que confrontan al régimen huelen a fascismo.

Los dos principales socios comerciales del Perú, China y EEUU, son estados que califican como estados terroristas. Las muertes de las que son responsables se suman por millones. Eso, en comparación con lo que hoy se quiere hacer pasar como terrorismo en el Perú no es equilibrado. Ahí están las ocupaciones, ahí los muertos, ahí la represión, ahí las imágenes que día a día se muestran pero que hemos normalizado. Nos están encerrado en la granja de Orwell, pero ya no por la barbarie comunista, sino por la degeneración del falso liberalismo que habla de libertad y que ha encontrado la palabra mágica para tratar de desaparecer la resistencia.

El peligro en el mundo no está representado por los tibetanos, los palestinos, los chechenos, kurdos o las casas de la ALBA (con todas las conocidas arbitrariedades chavistas). La destrucción de la libertad y de la vida está a vista y paciencia de todos para identificarla. Se habla de un proyecto hegemónico que quiere someter a Latinoamérica. Y me pregunto, ¿no estamos ya bajo un proyecto hegemónico normalizado, cuya prueba de su normalización es la aniquilación virtual del que lo cuestiona, que cuenta con tontos útiles? Sí, eso es lo que sucede.

Alexandro Saco
16 3 2008